viernes, febrero 6, 2026
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San José, esposo de la Madre de Dios

Padre adoptivo de Jesús, luz de los patriarcas, terror de los demonios… Nuestro querido santo tiene tantos títulos y a la vez es tan poco conocido, por ello a la luz del 150 aniversario de la declaración de San José como Patrono de la Iglesia Universal, SS. Francisco tuvo a bien declarar el año de San José. A continuación, mencionamos algunos puntos importantes de este santo: Se le conoce como el santo del silencio, en gran medida puede deberse a que no se escucha su voz en todo el Evangelio, particularmente Mateo da algunas luces sobre su vida, pero más allá de lo que el evangelista menciona poco se sabe de San José. Quizá la característica más conocida es su profesión, la del carpintero (Mt. 13, 55) “tekton” que puede traducirse también como albañil, de acuerdo con una revelación privada era más que eso, al ser el “artesano” del pueblo a este santo varón se le pedían toda clase de reparaciones siendo una pieza clave en la sociedad de su tiempo; no en vano también se le celebra el 1° de mayo como San José Obrero. Así nos enseña el valor y la dignidad del trabajo, sin duda Nuestro Señor aprendió de él esta y otras tantas virtudes… Recordemos que el ser humano aprende imitando, los grandes patriarcas aprendieron a serlo de sus padres, Isaac de Abraham, José de Jacob, Salomón de David… ¡con cuanta mayor razón San José debió de haber sido el referente por excelencia de masculinidad para Cristo Jesús! Aunque mucho tiempo se le ha creído anciano, señalado por evangelios apócrifos, revelaciones privadas y la propia lógica nos hacen pensar que San José era un hombre joven debido al gran esfuerzo físico que se debe imprimir en los viajes que realizaron (de Nazareth a Belén, de Belén a Egipto, de Egipto a Nazareth) y en la propia profesión que desempeñaba. Dios Padre confiaba los más grandes tesoros del mundo a un hombre que debía demostrar fortaleza no solo física sino, sobre todo, espiritual. Esta fortaleza no viene de él, al ser un “hombre justo” [Mt. 1, 19] (hombre santo) estaba vigilante a la voz de Dios y dispuesto a realizar su voluntad. Siendo conocedor de la ley, San José sabe hacer un perfecto balance entre la misericordia y la ley, al enterarse del embarazo de la Santísima Virgen María, éste decide repudiarla en su corazón (esta figura no existe en los preceptos judíos), aun cuando la ley establecía que debía morir apedreada, José reconoce el carácter y fidelidad de María y es incapaz de realizar una denuncia que lleve a que la Virgen María tenga este cruel destino. Hace una pausa, no actúa impulsivamente, sino que reflexiona cuál debe ser su actuar y gracias a que vive en constante oración sabe interpretar y vivir lo que le es revelado en sueños. Su fidelidad inquebrantable nos muestra que en San José no caben cuestionamientos, obedece la voluntad de Dios aún cuando desde la perspectiva humana sería inevitable preguntarse si era digno de cargar al Hijo de Dios o cómo sobreviviría en un país extraño, San José nos da cátedra de integridad, de obediencia y de confianza en la Divina Providencia ¡Cuanta falta nos hace ese valor actualmente! Especialmente este es un llamado a los varones: ¡volteen su mirada a San José! Él supo ser la cabeza de la Sagrada Familia, una tarea lejos de ser sencilla pero con gran dignidad supo vencerse a sí mismo, trabajar para estar a la altura de Nuestro Señor y Nuestra Señora ¡que gran reto y que gran enseñanza nos deja San José! Él es el modelo de la verdadera masculinidad: padre amoroso, providente, protector, casto, obediente, orante, fiel, fuerte, constante… Reflexionemos si el machismo existe es porque no hay hombres de verdad ¡hombres como San José! No se acomoden, no vivan para la comodidad, recuerden que lo que más cuesta es lo que más vale la pena, tengan la fuerza para afrontar los retos que Dios les presenta. Dios le está diciendo a su Iglesia que, para defender el matrimonio y la familia, elevar la moral, recuperar el terreno perdido y ganar almas para Jesucristo, necesitamos traer a San José al campo de batalla (Pbro. Donald Calloway) San José, icono y sombra del padre, ora pro nobis.
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Isabel de Castilla
Isabel de Castilla
Isabel I de Castilla fue reina de Castilla​ desde 1474 hasta 1504, reina consorte de Sicilia desde 1469 y de Aragón desde 1479, ​ por su matrimonio con Fernando de Aragón.
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